EL "CLUB DE LOS 27": leyendas del rock fallecidas trágicamente a los 27 años

¿Qué tienen en común leyendas del rock como Brian Jones, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison o Kurt Cobain? Haber muerto trágica y prematuramente a la edad de 27 años, en casos relacionados mayormente con el abuso de drogas y alcohol, accidentes inexplicables e incluso el suicidio

Puede que no haya un club más famoso y, a la vez, más macabro en la historia de los grandes mitos que el Club de los 27El Club de los 27 cuenta actualmente con más de 30 músicos famosos repartidos por todos los rincones del planeta con un denominador común: haber muerto trágica y prematuramente a la edad de 27 años, en casos relacionados mayormente con el abuso de drogas y alcohol, accidentes inexplicables e incluso el suicidio. La casualidad de su edad no ha pasado inadvertida para los amigos de las conjeturas que llevan décadas preguntándose si 'los 27' están malditos para los músicos rebeldes.

 

Retrocedamos al 16 de Agosto de 1938. Muy cerca de Greenwood, en el estado de Missisipi aparecía muerto el músico Robert Johnson, el Abuelo del Rock and Roll. Tenía 27 años. Conocido como El Rey del Delta blues, sus grabaciones de 1936 a 1937 mostraron una notable combinación de canto, habilidades de guitarra, y talento en la composición que influenciaron a generaciones de músicos, a pesar de solo haber dejado un registro de 29 canciones. Hay muchas teorías sobre su muerte. pero la más cimentada es la de que Johnson fue asesinado por un marido cornudo, que le metió estricnina en su botella de whisky, como venganza por haber seducido a su esposa. Esa es la versión de su amigo, el otro gran “bluesman” Sonny Boy Williamson. Con su misteriosa muerte, el rey del delta blues se convirtió en el primer miembro oficial del “Club de los 27”.

 

Amy Winehouse se convertía el pasado 23 de Julio de 2011 en la última celebridad que traspasaba las puertas de este famoso club  gracias a una vida marcada por el soul y numerosos excesos.

 

El Club de los 27 empezó a ser mencionado cuando murieron en sucesión entre 1969 y 1971 grandes estrellas del rock como Brian JonesJimi HendrixJanis Joplin y Jim Morrison. No obstante el término empezó a volverse relevante más de 20 años después, cuando Kurt Cobain se suicidó.

 

¿Quién forma parte del distinguido "Club de los 27"?

 


1. Robert Johnson

De este célebre guitarrista nacido en 1911 en Hazlehurst, Mississippi, se han dicho muchas cosas, Como que era un músico mediocre, hasta que presumiblemente hizo un pacto con el diablo en el cruce de la Highway 69 con la 49, en Clarksdale, invocando en la medianoche al maligno con una pequeña oración de encantación que había aprendido de un viejo esclavo, para pedirle que lo ayudara a tocar el blues como nadie lo hizo nunca. Johnson, al parecer, no sólo estaba consciente de sus limitaciones como músico, sino que también estaba resentido con Dios por la prematura muerte de su joven mujer e hijo. Luego que el maligno se le apareciera, y tras prometerle que dominaría la guitarra como nadie, le explicó también que solamente debía deslizar las manos sobre el instrumento para interpretar el mejor blues de la historia. El resto es historia conocida. Johnson se transformó de la noche a la mañana en un músico sublime (su virtuosismo era tal, que al escucharlo parece que sonaran dos guitarras en vez de una y su fantasmal voz podía cambiar fácilmente de tonos y formas), grabando 29 canciones entre 1936 y 1937, entre las cuales se encuentran dos de sus mayores éxitos, “Crossroad blues” y “Me and the devil blues”, las cuales hacían referencia precisamente a este pacto demoníaco.


Su muerte ocurrió en circunstancias extrañas. Se cuenta que fue envenenado con estricnina introducida en una botella de whisky por un marido celoso, dueño de un bar en el que Johnson actuaba. Algunos dicen que murió de neumonía, otros que de sífilis. Su certificado de defunción apunta que falleció el 16 de agosto de 1938, en Greenwood, estado de Misisipi y que no hubo autopsia.


2. Brian Jones

Fundador de los Rolling Stones (bautizó al grupo con ese nombre, basándose en una canción de Muddy Waters), Brian Jones fue su primer líder y principal multiinstrumentista, mostrando su influencia en álbumes como “Aftermath”, “Between the buttons” y “Their Satanic majesties Request”. Nacido en febrero de 1942 como Lewis Brian Hopkins Jones, tocaba instrumentos raros para el rock (se decía que sólo necesitaba media hora para aprender a tocar cualquier instrumento), como la mandolina, la cítara hindú (en el inicio del tema “paint it black”, por ejemplo), el dulcimer, la marimba, el melotrón, el arpa, el cello, el violín, el ukelele, el acordeón, las campanas tubulares, la armónica, la batería marroquí y la flauta.


El 8 de junio de 1969, Mick Jagger, Keith Richards y Charlie Watts llegan a Cheltenham Farm, en East Sussex, la nueva casa de Brian Jones. Iban a comunicarle a Brian que estaba despedido y que iba a ser sustituido por Mick Taylor, el niño prodigio de 20 años del grupo de John Mayall. Fue Mick el que empezó a hablar, exponiendo los problemas que tenían con Brian. Según les había recalcado el semi-gangster Allan Klein, el nuevo mánager de los Stones, Brian no podía entrar en los Estados Unidos, le habían denegado la visa por culpa de sus dos condenas por consumir drogas. Por lo tanto, el grupo no podía salir de gira o actuar con él.


Pero, violentamente, Keith le quitó la palabra a Mick y le 'escupió' a Brian: "Estás despedido. Y no des tantas vueltas, Mick. Dile que está muerto, que ya jamás será un Rolling Stone". Keith le tenía un odio peculiar a Brian, desde que le dió una paliza a Anita Pallenberg. Como 'indemnización' por el despido, a Jones le dijeron que recibiría un 20% de los beneficios de los Rolling Stones hasta que viviera.


Un mes más tarde, inexplicablemente, Jones fue hallado muerto flotando en su piscina. Los sucesos que acontecieron la noche del 2 al 3 de julio siguen siendo un misterio.


La fatídica noche del 2 al 3 de julio, Jones, Thorogood y sus respectivas parejas se encontraban en la mansión. Una de las versiones de esta historia dice que por allí también estaban algunos de los trabajadores del capataz de la obra. Varios de estos obreros volvieron a hacer de las suyas y comenzaron a vacilar al músico en el interior de la piscina, tal como lo describió un testigo que prefirió no revelar su identidad: “Al principio yo no presté mucha atención, solo vi que estaban empujando y hundiendo a Jones en el agua y un par de chicas dijeron: ‘¡Eh, dejadle en paz!’ Pero aquello solo hizo que le dieran más fuerte. Entonces, Brian intentó salir de la piscina, pero ellos no le dejaron… Le hundían y le sujetaban la cabeza bajo el agua y luego le dejaban salir dos segundos, él tosía y le volvían a hundir…”. ¿Fueron estos obreros los responsables de la muerte de Brian Jones? Keith Richards, en su autobiografía, tiene su propia visión de la posible relación entre Brian y los trabajadores: “Seguro que les tocó los cojones a los obreros quejándose por todo y dando por saco. Independientemente de si los obreros estaban por allí o no, había llegado a un punto en su vida en que ya nada tenía sentido”.


Sin embargo, para Anna Wohlin, la novia sueca de Jones, los hechos fueron diferentes. Según su versión, aquella noche en la casa solo se encontraban ella, Jones, Thorogood y Lawson. Brian pretendía hacer las paces con Thorogood y bromeaba con él, pero el capataz se mostró agresivo y le exigió el dinero que Jones le debía. Después de unas copas de vino, el músico, su novia y el constructor decidieron darse un baño en la piscina. Janet Lawson rechazó el chapuzón y se quedó en la casa ya que pensó que meterse en la piscina no era la mejor idea: “Él había estado bebiendo. Andaba un poco tambaleante. No se encontraban en condiciones de nadar. Lo noté muy claramente, y así se lo hice ver a ambos. Ellos no hicieron caso de mi advertencia”. Como consecuencia de las bromas de Brian, él y Thorogood acabaron forcejearon en la piscina. En ese momento, Janet avisó a Anna para que atendiera una llamada telefónica, así que la bailarina abandonó la piscina dejando a los dos hombres solos. Según Wohlin, unos quince minutos después, Thorogood entró en la casa tiritando: “Hablaba por teléfono cuando oí gritar a Janet bajo la ventana del dormitorio: ‘¡Anna! ¡Anna! ¡Algo le ha pasado a Brian!’. Encontré a Frank en la cocina. Sus manos temblaban de tal manera que apenas podía encender el cigarrillo (…). Cuando salí fuera, no se veía a Brian por ninguna parte. Luego lo vi, tumbado en el fondo de la piscina”.


El constructor sacó a Brian de la piscina y la enfermera intentó reanimarlo sin ningún resultado. Anna aseguró que aún tenía pulso cuando lo sacaron del agua. La ambulancia y la policía llegaron y se llevaron el cuerpo de Brian Jones y su inhalador de asma, que se encontraba al borde de la piscina. El informe del forense detalló “muerte accidental” y la causa fue la “inmersión en el agua bajo la influencia del alcohol y las drogas”.


Como Brian era un buen nadador, los rumores comenzaron a extenderse y se barajaron otras causas como el suicido y el asesinato. “Brian siempre hacía todo en el momento equivocado”, declaró Keith Richards. “Su muerte todavía no se ha aclarado, aunque esa es otra historia. No sé qué pudo pasar, pero hubo alto turbio. ¿Tuvo un ataque de asma en la piscina o le metieron la cabeza debajo del agua hasta que se ahogó? No me habría sorprendido: Brian tenía la habilidad de cabrear a la gente. Supongo que lo que mató a Brian fue que no supo combinar su trabajo como músico y la fama”. Bill Wyman también achacó la muerte de Jones a su difícil carácter: “Fuese lo que fuese lo que ocurrió, se trató de un accidente desafortunado. No creo que hubiese nadie más implicado. No veo la razón. Había dejado la banda, no estaba interfiriendo en la vida de nadie. Era solo un chico patético, acabado, que tenía un gran problema con las drogas, que tenía problemas psicológicos, que tenía problemas de salud. Realmente estaba muy mal”. Los Rolling Stones acabaron aceptando que la muerte del músico fue un accidente y no un asesinato, como recordó Charlie Watts: “Pienso que tomó una sobredosis. Que tomó un puñado de tranquilizantes, que es lo que acostumbraba hacer, y bebió, y creo que fue a nadar en un agua muy caliente (…). Sinceramente, no creo que fuera liquidado por interés, porque valía más vivo que muerto”. Por su parte, Mick Jagger lo explicó de forma más lacónica: “Brian se ahogó en su piscina. Lo demás es gente que quiere sacar dinero”.


Brian Jones fue enterrado el 10 de julio en Cheltenham, su pueblo natal. Su lápida lo decía todo: “No me juzguéis con demasiada severidad”. Charlie y Bill asistieron al entierro pero el resto de los Rolling Stones, no. Anna Wohlin tampoco acudió al funeral. Después de la defunción de Brian Jones, Thorogood la amenazó de muerte si contaba a la policía lo que había sucedido en la piscina. Así que a la mujer no le quedó más remedio que abandonar Inglaterra y esconderse en Suecia. No relataría su versión del suceso hasta 1999. Por otra parte, el último implicado en esta historia, Frank Thorogood, agonizando en su lecho de muerte en 1993, acabó confesando a Tom Keylock, chófer de los Stones, qué sucedió esa noche antes de dar su último suspiro: “Yo maté a Brian”.


3. Jimi Hendrix

El 18 de septiembre de 1970 Jimi Hendrix murió en la habitación de un hotel de Londres. La causa oficial de la muerte de Hendrix fue 'intoxicación de barbitúricos e inhalación de vómito', pero lo cierto es que falleció bajo circunstancias que aún no han podido ser completamente explicadas.


Esa noche, en la habitación de Monika Dannermann, novia de Hendrix, del hotel Samarkand, en Notting Hill, Hendrix escribió la letra de una canción que tituló «The Story of Life». Una hora más tarde, el músico tenía una reunión importante a la que no quería que Dannemann acudiera. No obstante, Monika le acercó a dicha reunión. La “reunión” era una fiesta en la que estaba otra “novia”, Devon Wilson, entre otras personas. Una hora más tarde, sobre las tres de la mañana, Monika Dannemann le recogió.


A continuación, la pareja regresó a la habitación del Samarkand. Dannemann dijo haberle preparado un bocadillo de atún, aunque varios testigos aseguraron que allí no había comida, y bebieron vino. Como el guitarrista no podía conciliar el sueño, le pidió píldoras para dormir; ésta es una de las versiones de Monika de lo sucedido: «Hacia las cuatro me dijo que necesitaba dormir bien esa noche, y me pidió una pastilla para dormir. Le dije que era mejor que tratara de dormir de forma natural. Disimuladamente, yo tomé una tableta para dormir, estuvimos hablando y terminamos dormidos hacia las siete y cuarto de la mañana». Antes, Hendrix había consumido anfetaminas y necesitaba un relajante para poder dormir. La suma de diferentes drogas mezclada con alcohol era una marca de la casa del guitarrista zurdo. Las pastillas que Monika Dannermann tenía para dormir eran un tranquilizante muy potente llamado Vesparax. Dicho medicamento era tan potente que quita credibilidad a los testimonios de la chica, que afirmó despertarse pocas horas después: «Intenté volver a dormir, pero me había desvelado, así que me levanté, me vestí y fui a una tienda de Portobello a comprar cigarrillos. En ese momento, las diez y media, Jimi parecía estar durmiendo con normalidad». Al volver de comprar tabaco, Monika se encontró con la siguiente estampa: «A las once en punto regresé y vi que Jimi seguía dormido, pero le salía como un hilillo de espuma de la boca, y había vomitado. Quise despertarle, pero no reaccionaba de ninguna manera. Le tomé el pulso, y parecía normal, pero empecé a ponerme muy nerviosa porque vi el frasco de las tabletas en el suelo, y faltaban nueve».


Ante semejante situación, Monika Dannermann palideció y echó mano de la agenda de su “novio”. Encontró el número de Eric Burdon, el vocalista de The Animals, que le dijo por teléfono que pidiera una ambulancia. Burdon llegó al piso antes que la ambulancia y empezó a esconder y recoger toda la droga que allí había. Durante la limpieza encontró la letra de «The Story of Life». Después de leerla, Eric Burdon la interpretó como una carta de despedida y pensó que Jimi se había suicidado.


Cuando llegó la ambulancia, los médicos no encontraron en la habitación a nadie más que a Jimi Hendrix con su rostro cubierto de vómito. Así lo describió el conductor de la ambulancia, Reg Jones: «Era horroroso. La puerta estaba abierta de par en par, sin nadie a la vista, tan sólo el cadáver en la cama». Monika ya no estaba allí, lo que contradice otro de sus testimonios en los que asegura que la culpa fue del equipo de urgencias: «Lo primero que me extrañó es que no tumbaron a Jimi en una camilla, sino que le sentaron en una silla con la cabeza echada hacia atrás. Noté que respiraba con dificultad, se lo advertí a los enfermeros, pero me dijeron que me tranquilizase, que sabían lo que hacían». Incluso la muchacha llegó a asegurar que ella acompañó a Hendrix en el trayecto hasta el hospital y que hablaron durante el recorrido.


Sin embargo, Jimi Hendrix había fallecido dos horas antes de ingresar en el hospital St. Mary Abbots a las doce menos cuarto del mediodía. Las interpretaciones de la muerte fueron de lo más variadas. Entre ellas, destacaba el suicidio, debido al texto que Burdon encontró; pero el mánager de Hendrix, Mike Jeffery, lo tenía claro: «He hojeado un montón de papeles, poemas y canciones, y mucho de ellos podrían ser interpretados como notas de suicidio. No creo que se matara». Su anterior mánager, Chas Chandler también negó el suicido: «Era imposible, Jimi era un vitalista absoluto. Nunca fue el tipo de persona que se traga un frasco de píldoras en medio de una depresión. Mitch (Mitchel) me lo había dicho, tenía proyectos, estaba componiendo canciones, se había decidió a romper con Jeffery… Nadie se suicida en esas condiciones. Estoy convencido que no fue más que un maldito y desgraciado accidente. A Jimi se le iba mucho la mano con la bebida y las pastillas, y más de una vez se lo dije». Además, Chandler afirmó que por la mañana escuchó en su contestador automático un mensaje de Hendrix semiinconsciente: «¿Chas… ¿Estás ahí? Por favor, necesito ayuda». Incluso Eric Burdon se retractó de sus primeras impresiones: «Al principio hice declaraciones equivocadas. Sencillamente, no sabía cuál era la situación. Interpreté mal la nota. Estaba seguro de que se trataba de una nota de suicidio, así que pensé que debía intentar ocultarla y echar tierra sobre el asunto. Jimi me había hablado mucho del suicidio y de la muerte, y yo sabía que él estaba en crisis. Pensé que se trataba de una nota de despedida».


No obstante, otro de los ligues del guitarrista, Jeanette Jacobs, se sintió responsable de la muerte de Hendrix. Jeanette se vino abajo cuando escuchó rumores de boda entre Jimi y Monika, así que se marchó a Amsterdam el día antes de la muerte del músico: «Me sentí abandonada y dejé el país. Me parece que alguien le dijo que yo me había ido y a la mañana siguiente se mató». Si de verdad Jimi Hendrix hubiera querido suicidarse no hubiera tomado sólo nueve pastillas de Vesparax de un bote que tenía cincuenta. Posiblemente, el guitarrista no pensó que el medicamento fuera tan fuerte. La mezcla del Vesparax, el alcohol y la colección de drogas que tenía en el estómago hizo que Hendrix expulsara todo lo que tenía dentro. Su vómito, vino y comida no digerida, hizo que se ahogara y le ocasionó una parada respiratoria. Dos semanas antes, en una entrevista en Dinamarca, había asegurado que no llegaría a su vigesimoctavo cumpleaños.


Para darle más morbo al asunto, uno de los acompañantes del guitarrista durante las giras, James Wright, publicó un libro en 2009, titulado Rock Roadie, en el que responsabilizaba a Michael Jeffery de la muerte de Hendrix. Según Wright, Jeffery asesinó al guitarrista con las pastillas y el vino cuando descubrió el músico tenía intención de despedirlo. Así, el mánager podría cobrar el seguro de vida del músico, ya que era el beneficiario. Esta información llegó a los oídos de James Wright de la propia boca de Michael Jeffery, que lo confesó una noche de copas antes de morir en 1973. No obstante, el día de la muerte de Jimi Hendrix, Jeffery se encontraba en Mallorca, por lo que hubiera necesitado un cómplice. O una cómplice. Otra interpretación más para alimentar el misterio.


Aunque falleció el 18 de septiembre, la autopsia no se realizó hasta el día 23. Los resultados se publicaron el 28 de septiembre y la causa de la muerte fue asfixia por inhalación de vómito debido a una intoxicación de barbitúricos. Jimi Hendrix abandonó Londres y regresó a su Seattle natal. Fue enterrado en el cementerio Greenwood Mamorial de Renton (Washington). En su lápida, con una guitarra esculpida, figura este texto: «Para siempre en nuestros corazones».


Su funeral se celebró el martes 1 de octubre de 1970 en la iglesia baptista de Dunlap, en Renton. Entre los asistentes estaba su familia al completo, quienes se pasarían años peleando por los derechos de la obra de Jimi; su “novia”, Devon Wilson; su mánager, Michael Jeffrey; el alcalde de Seattle, Wes Uhlman (Hendrix había abandonado Seattle porque la policía le había echado de la ciudad); sus antiguos compañeros de The Jimi Hendrix Experience, Noel Redding y Mitch Mitchell; y otras celebridades de la música como Johnny Winter y Miles Davis, quien centró toda la atención (Jimi ya había declarado que le gustaría que en su funeral estuviera presente el legendario trompetista). Durante la ceremonia se leyeron textos escritos por el guitarrista: «El expreso ha pasado la curva, ya viene hacia aquí, agitándose al compás, agitándose alegremente, agitando los sentimientos, agitando la vida… Mientras subimos a bordo, el maquinista dice: “Vamos a la iglesia eléctrica”. El expreso se los llevó y vivieron feliz y alegremente por siempre jamás. Y, bueno, disculpadme, creo que oigo llegar al próximo tren».

(Texto de Héctor Sánchez en www.lacaraocultadelrock.wordpress.com)

4. Janis Joplin

Janis Joplin no llegó al estudio de grabación Sunset Sound Recorders de Los Angeles el 4 de octubre de 1970 para seguir trabajando en el tema “Buried Alive In The Blues”. Preocupado por la tardanza, John Cooke, representante del grupo Full Tilt Boogie, fue a buscar a la artista al Landmark Motor Hotel, ubicado en el 7047 de Franklin Ave. Al entrar a la habitación 105, la encontró en su cama, sin vida.


Janis sumaba 16 horas muerta, ya que había llegado al cuarto cerca de la una de la madrugada y se estima que 45 minutos después falleció. ¿La causa oficial? Una sobredosis de heroína, cuya pureza de entre 60 y 80% era ocho veces más poderosa que lo que entonces solía consumirse. Una dosis letal. Varios escépticos coinciden en que, si bien la cantidad era lo suficientemente fuerte para matarla, las jeringas de la misma nunca fueron halladas en la habitación, lo que ha levantado sospechas en cuanto a la presencia de una segunda persona en el lugar.


El día anterior a su muerte, Joplin había sufrido un desaguisado con su novio Seth Morgan, quien incumplió la promesa de visitarla en el estudio. Ello derivó en una visita nocturna de la artista al bar Barney’s Beanery con algunos amigos, pero sin permanecer demasiadas horas en la barra. Así que el misterio se ha centrado en el momento preciso en que Janis, de 27 años de edad, recibió la heroína.


Adicta a las drogas, a la música y al sexo, Joplin encarnaba el desenfreno y el deseo en sí mismos, al tiempo que su sensación de soledad la partía en dos con mucha frecuencia. “En el escenario le hago el amor a 25,000 personas diferentes; luego me voy sola a casa”, llegó a declarar.


A falta de la grabación de voz en aquella sesión de octubre de 1970, “Buried Alive In The Blues” terminó como tema instrumental del disco póstumo Pearl y se dice que la artista había dejado 2,500 dólares para que se hiciera una fiesta en su honor en caso de morir. Esta especie de funeral festivo se realizó el 26 de octubre y los invitados se sirvieron brownies con hachís. Todo muy a lo Janis.


Curiosamente, pocos días antes, el 18 de Septiembre, había fallecido Jimi Hendrix, y el suceso hizo que Joplin se cuestionara qué podría suceder si ella corriera la misma suerte: “Me pregunto si yo muriera… ¿qué pasaría? ¿Hablarían de mí tanto como de Jimi? ¡Ja, ja! ¡No es un mal truco para hacerse publicidad!”. También pensó que, después de Hendrix, ella no podría fallecer también en 1970: “Disminuye mis posibilidades. Dos estrellas del rock no se pueden morir en el mismo año”. Incluso bromeó sobre el asunto con Myra Friedman, la encargada de publicidad de su representante: “No te preocupes, Myra, querida, no voy a morir el mismo año que Jimi Hendrix. ¡Soy mucho más famosa que él!”. Menos de un mes desde que Jimi pasara a mejor vida, Janis ya le había imitado.


5. Jim Morrison

Jim Morrison se marchó a París para volver a empezar. Quería hacer borrón y cuenta nueva y dedicarse en cuerpo y alma a su poesía. También intentaba escapar de la justicia. Su desafortunada actuación en el Dinner Key Auditorium de Miami, el 1 de marzo de 1969, le costó cara. En dicho concierto, y después de llegar con retraso y borracho, Morrison se mostró violento, provocó a la policía quitándole la gorra a un agente, abrazó a un cordero vivo y soltó lindezas al público como ésta: “Sois una panda de jodidos idiotas. Sois una panda de esclavos, tío. ¿Cuánto pensáis que va a durar esto? ¿Cuánto vais a dejar que dure? ¿Cuánto tiempo más vais a dejarles que os intimiden? ¿Cuánto?… Quizá os encanta tener la cabeza metida en la mierda”. Por si no fuera suficiente, empezó a quitarse la ropa, simuló masturbarse y, para rematar, enseñó su miembro a los asistentes en un abrir y cerrar de ojos. No existen fotografías sobre este momento.


El resultado de este suceso no se hizo esperar. Al cantante se le imputaron los cargos de inmoralidad, comportamiento lascivo, exhibición obscena, embriaguez y escándalo. De todos ellos, el Rey Lagarto fue declarado culpable de los cargos de exhibición obscena y escándalo público y fue sentenciado en Miami a pagar una multa de quinientos dólares, a cumplir ocho meses de trabajos forzados, y a dos años y cuatro meses de libertad vigilada. Su abogado apeló, el caso se quedó abierto y Jim nunca cumplió su sentencia.


Cansado de sí mismo y de su imagen, Morrison siguió su camino de la autodestrucción: engordó tanto que ya no cabía en sus ceñidos pantalones de cuero y dejó crecer una barba muy poblada. El chamán del rock necesitaba un cambio de aires y París, la ciudad de los románticos y los soñadores, era el lugar idóneo para comenzar desde cero y ponerse manos a la obra con su producción literaria.


Así que, en marzo de 1971, Jim Morrison y Pamela Courson, su pareja y “compañera cósmica”, escaparon a la capital del amor. Aunque el Rey Lagarto se afeitó, adelgazó y vagabundeó por las calles parisinas en busca de inspiración, su estancia allí no fue tan idílica. En menos de cuatro meses, en la madrugada del 3 de julio, Pamela encontró a Jim dentro de la bañera. Parecía que estaba descansando, pero había muerto. Solo Pamela y un médico cuyo nombre no se recuerda vieron el cuerpo inerte del cantante. El parte médico registró que el cantante murió por un fallo cardiaco agravado por el abuso de alcohol, pero nunca se realizó una autopsia debido a que no se evidenció violencia. Cuando Bill Siddons, el mánager de los Doors, viajó hasta París el 6 de julio, encontró el ataúd ya precintado y un ilegible certificado de defunción con la firma del médico fantasma. La Embajada Americana de París no recibió el certificado de defunción hasta el día 7 de julio y la noticia no se hizo oficial hasta el día 9.


Las teorías que sucedieron a los hechos son muchas: suicidio, sobredosis, asesinato e, incluso, se ha llegado a especular que Jim Morrison nunca murió, sino que todo fue parte de una puesta en escena para "desaparecer hacia alguna parte de este planeta", como alguna vez declaró su compañero de banda Ray Manzarek. El teclista de los Doors no dudó al pronunciarse sobre esta posible simulación: “Si existe alguien capaz de escenificar su propia muerte –conseguir un certificado de defunción falso y pagar a un médico francés–, y poner un saco de arena de ochenta kilos en un ataúd y desaparecer en algún lugar de este planeta, ese es Jim Morrison”. Tampoco se quedó atrás el batería, John Densmore: “Él era la única persona que yo haya conocido en toda mi vida lo suficientemente extravagante para atreverse a una movida así… capaz de irse a las islas griegas y no decírselo a nadie”.


En 2007, un nuevo libro sobre la vida de Morrison, llamado The End y publicado en Francia, aseguró que en realidad, Morrison murió de sobredosis de heroína en los baños del club parisino Rock and Roll Circus.


El autor del libro, Sam Bernett, fue periodista y gerente del club donde aseguró que murió el líder de los Doors. Según su versión, el artista, de 27 años, desapareció en los baños del Rock and Roll Circus la noche del 2 al 3 de julio de 1971 después de haber bebido bastante cerveza y vodka, y de haber comprado una dosis de heroína para él y su novia, Pamela Courson. Bernett forzó la puerta de los baños para poder entrar. "Jim estaba allí, con la cabeza entre las rodillas, los brazos colgando. Su cara estaba gris, sus ojos cerrados. Por su nariz salía sangre y tenía una baba blanquecina como la espuma alrededor de su boca abierta" explica Bernett en el libro.


Entre los testigos que el escritor cita en el libro estarían los dos camellos que le vendieron la droga y también un médico. Los traficantes aseguran que Morrison sólo estaba desvanecido, mientras que el médico, de quien no se dice el nombre, afirma que había muerto, probablemente de un paro cardíaco.


Bernett explica que no quiso llamar a la policía para evitar problemas. Los camellos son quienes se encargaron de sacar afuera el cuerpo del cantante. En el libro se cita a otro testigo de la escena, el fotógrafo Patrick Chauvle, que asegura que "Morrison se desmayó en los lavabos. Yo ayudé a llevar su cuerpo, inconsciente. No sé si estaba muerto. Quizá murió en su casa".


El autor de libro confiesa que ignora como llevaron el cuerpo del artista hasta su casa, pero asegura que una vez allí los dos traficantes intentaron reanimarlo sumergiéndolo en la bañera en agua caliente ante la mirada de su compañera, que estaba en trance. Cuando llamaron a la policía para certificar su muerte, el piso había sido limpiado de todo resto de estupefaciente.


La novia del cantante, que murió cuatro años más tarde, también a la edad de 27 años, de sobredosis, nunca dio una versión del todo coherente de lo sucedido. En su versión más conocida, ella aseguraba que la víspera de la muerte del cantante habían salido al cine y que ella lo encontró muerto en la bañera a la mañana siguiente.


Philip Steele, músico, creador de la banda sonora de Kill Bill y autor de una novela biográfica sobre Morrison, City of Light, discutió la versión de Bernett. Para Steele, el libro de Bernett no hizo más que añadir "un escándalo". A falta de una autopsia, Steele cree que, aunque Morrison podría haber sufrido un desmayo en los baños del local, el cantante murió en el baño de su casa al tomar, por error, la dosis de heroína de su novia en lugar de la habitual suya, de cocaína.


Por si todo esto no fuera suficiente, recientemente, en 2014, Marianne Faithfull, cantante y musa de los Stones, confesó a la revista británica Mojo Magazine que Morrison fue asesinado. En su entrevista para esa revista señaló como autor de los hechos a Jean de Breteuil, un aristócrata francés que suministraba drogas a las estrellas y que, en aquel entonces, era pareja de la propia Faifhfull. De Breiteuil y Faifhfull se encontraban en París ese fatífico 3 de julio, ella decidió quedarse en el hotel y no ir a visitar a Morrison, su novio sí fue: "Pensé, 'me voy a tomar una pocas Tuinal (barbitúricos) y no voy a ir allí'. Y De Breiteuil se fue a ver a Jim Morrison y lo mató. Lo que quiero decir es que estoy segura de que fue un accidente. Pobre bastardo ¿Fue que el 'caballo' era demasiado fuerte? Sí. Y murió. Y yo no sabía nada sobre esto. De todas maneras, todo el mundo relacionado con la muerte de este pobre chico está muerta ya, excepto yo". 


Tan solo unas semanas después de que falleciera Jim Morrison el cuerpo inerte de Jean de Breteuil era encontrado en Tánger, desapareciendo así la única persona que podría desvelar (o no) el misterio.


6. Kurt Cobain

La mañana del viernes 8 de abril de 1994, el electricista Gary Smith había madrugado para trabajar; tenía que instalar un sistema de seguridad en el número 171 del bulevar Lake Washington en el distrito de Madrona, en Seattle. Cuando se presentó en la dirección, se llevó un susto de muerte al mirar a través del cristal de la puerta del invernadero. En el interior, sobre el suelo, descansaba un maniquí. Al menos eso pensó en un primer momento, hasta que fue consciente que, en realidad, era el cuerpo inerte de Kurt Cobain: “Podía ver el pelo largo tirado en el suelo. Al principio pensaba que sería un maniquí, y entonces me di cuenta de que parecía que había sangre en la oreja derecha. Luego vi la escopeta descansando en su pecho, apuntando a la barbilla”. Una hora más tarde, la policía encontró el cuerpo de Cobain con la cara tan destrozada que solo fue posible identificarlo a través de las huellas dactilares. Su cuerpo estaba rodeado de un juego de ordenador, un peluche y varias cintas de casete, entre ellas “In utero” (1993), el último álbum de Nirvana que Kurt quería titular “I hate myself and want to die” (“Me odio y quiero morir”). Toda una declaración de intenciones.


“Se ha ido para unirse con ese estúpido club”, declaró su madre, Wendy O’Connor, al enterarse de la noticia haciendo referencia a Jimi, Janis, Jim y el resto de músicos que entraron en el Club de los 27. El último adiós del líder de Nirvana es una crónica de una muerte anunciada. Desde hacía tiempo, Kurt ya no tenía ganas de vivir y el resultado del incidente con el rifle en abril podía haber sucedido perfectamente un mes antes. El 3 de marzo de 1994, Kurt Cobain se encontraba en Roma, en la habitación número 541 del hotel de cinco estrellas Excelsior. Esperaba la llegada de su mujer, Courtney Love, y de su hija, Frances Bean. Love se encontraba en Londres promocionando el segundo álbum de Hole, “Live through this” (1994), y habían pasado veintiséis días desde que ambos se vieran por última vez. Cuando por fin llegó su familia, Cobain quiso hacer el amor para celebrar el reencuentro con su mujer, pero como estaba cansada, ella se negó. A la mañana siguiente, Courtney Love encontró a su marido tirado en el suelo, pálido y sangrando: “Me acerqué a él y le salía sangre de la nariz. Parecía John Bonham… Realmente pensé que estaba muerto”. Entonces, Love se arrepintió de no haber satisfecho los deseos sexuales de su marido: “Aunque no me apeteciera, tendría que haberlo hecho por él. Lo único que necesitaba Kurt era un polvo”. Cobain había ingerido unas sesenta pastillas de Roipnol regadas con champán y sufrió una sobredosis que le tumbó. Pero como la vida es irónica, esa sobredosis no consiguió acabar con su vida por mucho que lo estuviera deseando.


De forma oficial, el suceso de Roma se consideró como un “accidente”, sin embargo, no fue así. Cuando Courtney encontró tirado a Kurt, sujetaba en su puño izquierdo tres páginas. Esa nota de suicidio mencionaba al doctor Baker, su médico que le recomendó abandonar la adicción o morir: “El doctor Baker dice que, como Hamlet, debo elegir entre la vida y la muerte. He elegido la muerte”. En dicha nota, Cobain mostraba su cansancio por las giras, sentía pánico al pensar que Love ya no le quería y la acusaba de haberse acostado con Billy Corgan, de los Smashing Pumpkins, de quien siempre estuvo celoso. Además, hacía referencia a la traumática separación de sus padres: “Prefiero morir antes que pasar por otro divorcio”. Los rumores de la muerte de Kurt Cobain se extendieron, pero Cobain se despertó del coma, pidió un batido de fresa y sobrevivió. Al menos, todo lo que podía sobrevivir.


Unas semanas después, Courtney y varios amigos de Kurt Cobain le animaron a que acudiera a una clínica de desintoxicación para abandonar la heroína. Cobain arremetió contra los presentes y no pasó por el aro, pero quien sí visitó una clínica para solucionar su problema de adicción fue Love. Por su parte, el Rey del Grunge pidió un favor a su amigo Dylan Carlson. Como si fuera un adolescente que pide a un adulto que le compre una bebida alcohólica, Cobain entregó trescientos dólares a Carlson para que fuera tan amable de comprarle una Remington M-11, del calibre 20. Le aseguró a su amigo que quería la escopeta “para protegerse” de los intrusos, y el complaciente Carlson nunca sospechó cuál era el propósito de su colega: “Si Kurt tenía intenciones suicidas, me las ocultó”. Sin embargo, hasta a Stan Baker, el vendedor de la tienda de armas Stan’s Gun Shop en Lay City Way, le pareció sospechoso: “¿Qué demonios van a hacer estos chicos con esta escopeta? No es temporada de caza”.


El mismo día que Kurt Cobain pagó a su amigo para que le comprase la escopeta, voló al Centro de Recuperación Exodus en Los Ángeles (California): al final, Kurt agachó la cabeza para conseguir dejar de lado su adicción a la heroína. Allí recibió la visita de su hija, Frances Bean, que ya tenía diecinueve meses, y de Jackie Farry, su niñera. Courtney Love no acudió ya que el médico desaconsejó su visita en la primera fase del proceso de desintoxicación. De un día para otro, Cobain parecía haber recuperado el humor, como explicó la niñera: “Estaba de un buen humor increíble. Yo no me lo explicaba. ‘Quizá esta vez vaya en serio’, pensé por un instante. Se le veía demasiado efusivo, (…) y mostrándose de lo más optimista. Y eso no iba con él… (…) Lo suyo era estar malhumorado. Pero lo vi como un indicio positivo de un giro radical en veinticuatro horas”. En menos de otras veinticuatro horas, Kurt Cobain salió “a fumar un cigarrillo” y ya de paso saltó el muro del Centro Exodus y escapó de allí para regresar a Seattle, no sin antes tener la última conversación telefónica con su querida Love a la que dijo: “Pase lo que pase, quiero que sepas que has hecho un álbum buenísimo”. Courtney se quedó descolocada por el comentario y Kurt colgó el teléfono después de dedicarle sus últimas palabras: “Recuerda solo que te quiero, pase lo que pase”.


Durante los primeros días de abril, Courtney Love presentaba el disco de Hole en Los Ángeles y lo alternaba con otras actividades como enterarse de la desaparición de su marido, anular sus tarjetas de crédito, contratar al detective privado Tom Grant para que lo encontrara y poner el grito en el cielo al enterarse de la existencia de la escopeta. Mientras, Kurt Cobain iba y venía por Seattle y compraba munición para su arma. El 4 de abril, la madre de Kurt llamó a la policía advirtiendo que su hijo estaba armado y podía suicidarse; se sospechó que quien llamó no fue Wendy O’Connor, sino Courtney Love.


Por fin, el 5 de abril, Cobain se encontraba en casa. Mientras en el equipo de música sonaba el álbum de R.E.M. “Automatic for the people” (1992), miraba fijamente una libreta. Era la típica situación de un autor enfrentándose a la hoja en blanco, pero Kurt llevaba bastante tiempo mascullando qué quería decir en su despedida. Su última carta estaba dirigida a Boddah, el nombre de su amigo imaginario durante su infancia, y en ella se mostraba hastiado de su papel como estrella: “Ya hace demasiado tiempo que no me emociono ni escuchando ni creando música, ni tampoco escribiéndola, ni siquiera haciendo rock and roll. (…) No os puedo engañar a ninguno de vosotros. Simplemente no sería justo ni para vosotros ni para mí. Simular que me lo estoy pasando el cien por cien de bien sería el peor crimen que me pudiese imaginar. A veces tengo la sensación de que tengo que fichar antes de subir al escenario”. Y concluía citando a Neil Young en ‘Hey hey, my my’ (1979): “Recordad que es mejor quemarse que apagarse lentamente”. Cuando terminó de redactarla, sacó del escondite de su armario la preciada escopeta. Con el arma y la nota, se dirigió hasta el invernadero. Un último cigarrillo, una última cerveza y un último chute. Kurt Cobain clavó con el bolígrafo su carta de despedida en una maceta. Cargó la escopeta con tres cartuchos. Colocó el arma en su paladar. Y se calló la voz de la Generación X.


El comunicado de la oficina del forense decía lo siguiente: “La autopsia ha revelado que Cobain murió de una herida de escopeta en la cabeza; de momento todo indica que se trata de una lesión autoinfligida”. El doctor que realizó la autopsia, Nikolas Hartshorne, encontró tanta heroína en la sangre de Kurt Cobain que si la escopeta no hubiera funcionado, la heroína habría hecho el resto. Se estimó que la muerte tuvo lugar el 5 de abril, tres días antes que el electricista encontrara el cadáver, pero esto podía haber sucedido un día antes o después.


Pero como suele suceder con las muertes prematuras en el rock, no todo el mundo creyó la versión oficial. El director Nick Broomfield fue uno de estos incrédulos y realizó una investigación que tendría su fruto en el documental “¿Quién mató a Kurt Cobain?” (1998). En él, intentó demostrar que Cobain no se suicidó sino que fue Courtney Love la auténtica responsable de la muerte de su marido debido a que a la pareja tenía intención de divorciarse y Love no quería perder ni un solo centavo. Con Kurt muerto, todo el dinero sería para ella. Para ello, Broomfield entrevista a una galería de personajes peculiares entre los que destacan el padre de Courtney, quien tiene una guerra abierta contra su hija; el Duce, un excéntrico músico de segunda que afirma que Courtney Love le ofreció 50.000 dólares si asesinaba a su marido y que termina muerto en extrañas circunstancias, y el detective Tom Grant, que encuentra teorías conspiratorias por todas partes. Grant se basa en varias premisas: Cobain tenía tanta heroína en la sangre que le hubiera resultado imposible disparar el rifle y la carta de despedida tenía unas frases que parece que fueron añadidas después. Casualmente, durante la película, a Nick Broomfield y a su equipo siempre le surgen dificultades en los momentos más decisivos o sufren presiones por parte del círculo de Courtney para no poder continuar con su investigación. Un documental que roza la vergüenza ajena y que no debe ser tomado en serio.


Para los demás, el líder de Nirvana estaba solo en el invernadero con su escopeta. Y así fue como Kurt Cobain, el niño que nunca superó la traumática separación de sus padres, el joven que sufría un dolor estomacal incurable, el padre de familia heroinómano, la atormentada estrella de rock que no quería serlo, el mártir del grunge y la voz de una generación desencantada, ingresó en el Club de los 27. Así se fue el olor del espíritu de los noventa.

(Texto de Héctor Sánchez)

7. Amy Winehouse

El 23 de julio de 2011 fue encontrado sin vida el cuerpo de Amy Winehouse, la diva del soul, en su domicilio de Camden Town. La autopsia realizada a la solista reveló finalmente un abuso etílico por parte de la cantante, ya que su cuerpo contenía 416 miligramos de alcohol por decilitro de sangre, cuando el límite legal para conducir son 80 miligramos. junto a su cadáver se encontraron tres botellas de vodka, dos grandes y una pequeña. Amy había estado recibiendo ayuda durante años para combatir su adicción al alcohol y tenía instrucciones muy precisas de no beber cuando finalizó en Londres un programa de rehabilitación.


Sólo unas 200 personas entre familiares y amigos de Winehouse asistieron a su funeral el 26 de julio de 2011 en el cementerio de Edgwarebury Lane al norte de Londres. Entre los asistentes se encontraban su madre y su padre, Janis y Mitch Winehouse, un amigo cercano de Kelly Osbourne, el productor Mark Ronson y su novio Reg Traviss. Fue un funeral privado liderado por el rabino Frank Hellner. Su padre se despidió de ella diciendo: "Buenas noches, ángel mío, duerme bien. Mamá y papá te quieren más que nunca". El funeral terminó con la canción "So Far Away" de Carole King. Más tarde fue incinerada en el Crematorio Golders Green. La familia realizó una shiva (duelo judío) de dos días. Los padres de Winehouse crearon la Fundación Amy Winehouse para prevenir daños por el mal uso de drogas entre los jóvenes, y el hermano de Amy Winehouse, Alex, fue empleado allí. Winehouse no dejó testamento, por lo que su patrimonio lo heredaron sus padres.


La cantante saltó a la fama en 2006 por su canción Rehab, pero también por sus continuos problemas relacionados con el alcohol, las drogas y sus ingresos de centros de rehabilitación.


8. Richard James Edwards

Alcohólico, anoréxico, depresivo y con tendencia a la automutilación. Así era Richey James Edwards, letrista y guitarrista de Manic Street Preachers. Aunque lo de “guitarrista” es un decir. Su talento con el instrumento era cuestionable; muchas veces, Richey James no tocaba la guitarra en directo, sino que simulaba hacerlo, incluso en ocasiones ni siquiera enchufaba el amplificador. Aunque su implicación instrumental dejara que desear, Richey Manic aportaba a la banda estética, sentimiento y profundidad. No importaba que apenas tocara la guitarra mientras fuera capaz de unir el nihilismo, la protesta y la cultura en los versos de sus canciones, convirtiéndose así en uno de los mejores letristas de su generación.

Esas letras eran un espejo de su atormentado carácter, ya que habitualmente sufría continuas depresiones de las que hablaba abiertamente: “Si estás desesperadamente deprimido como yo lo estaba, entonces disfrazarse es simplemente la última salida. Cuando era niño solamente quería hacerme notar. Nada podía entusiasmarme excepto la atención, por eso me disfrazaba lo más que podía. La atrocidad y el aburrimiento van de la mano”.


Si hay un episodio conocido dentro de la biografía de Edwards, ese fue su encuentro, en 1991, con el periodista de la revista “NME”, Steve Lamacq. El entrevistador no estaba seguro de la autenticidad de la banda y se planteó si en realidad eran solo un montaje publicitario. Para demostrar que los Manics eran reales, Edwards cogió una cuchilla y, como prueba de fuego, se talló en su brazo el texto “4 real”. Así de serio se tomaba las cosas. El letrista dejó constancia de la “realidad” del grupo, pero al mismo tiempo acabó en el hospital con diecisiete puntos de sutura. Este suceso no fue un hecho extraño para alguien como Richey James, acostumbrado a realizar cortes en sus propias carnes o apagarse cigarrillos en la piel como medio de escape de los problemas del día a día: “Cuando me corto me siento mucho mejor. Todas las pequeñas cosas que pudieron haber estado fastidiándome repentinamente parecen tan triviales porque me estoy concentrando en el dolor. No soy una persona que pueda chillar y gritar, por eso éste es mi único escape”.


Pero autolesionarse no era el único incentivo que Richey James tenía en la vida, su consumo de alcohol crecía en progresión inversamente proporcional a su ingesta de alimentos. Sus propias declaraciones tampoco le inspiraban un futuro mejor al soltar perlas como estas: “Llega un punto donde no puedes actuar más como un ser humano. No puedes levantarte de tu cama, no puedes hacerte una taza de café sin algo malo sucediéndote o que tu cuerpo esté demasiado débil para caminar”.


El día 1 de febrero de 1995, Richey Manic no aguantó más. Ese día debía volar hasta Estados Unidos junto con el vocalista de los Manic Street Preachers, James Dean Bradfield, para la gira de promoción del tercer trabajo de la banda, “The Holy Bible” (1994), un álbum cuyas letras servían de manual perfecto para comprender cómo se encontraba Edwards en esos momentos, pero Richey James no apareció. A las siete de la mañana, abandonó el hotel Embassy situado en Bayswater Road, en Londres y condujo su coche hasta Cardiff. Las respuestas a preguntas como adónde fue después o qué hizo todavía son un misterio. Como al día siguiente no se había presentado en Estados Unidos, el mánager de la banda denunció a la policía londinense la desaparición del letrista. Su familia tampoco tardaría en echarlo de menos, sus padres y su hermana publicaron esta nota en los periódicos locales: “Richard, por favor, contacta con nosotros. Con cariño, mamá, papá y Rachel”. Pero Richey James Edwards seguía sin dar señales de vida.


Durante las dos semanas previas a su desaparición, Edwards retiró de su cuenta 200 libras cada día hasta sumar una cantidad de 2.800 libras. Después de su desaparición, varios testigos aseguraron haberle visto en la oficina de pasaportes y en la estación de autobuses de Newport. Incluso un taxista de Newport aseguró haber recogido al letrista en el King’s Hotel el 7 de febrero y haberlo llevado hasta la estación de servicio Severn View, cerca del pueblo de Aust, después de pasar por Blackwood, el lugar de origen de Richey James. Al cabo de una semana, el 14 de febrero, su coche, un Vauxhall Cavalier, recibió una multa en la estación de servicio Severn View; tres días después, el vehículo fue denunciado por abandono. Cuando la policía lo inspeccionó, comprobaron que la batería estaba descargada, lo que quería decir que alguien lo había utilizado. Cerca de esta estación de servicio se encuentra el puente de Severn, un puente colgante conocido por ser el lugar preferido por los suicidas para poner fin a sus vidas.


Desde el día de su desaparición, a los Manics no les quedó más remedio que seguir su andadura convertidos en un trío. En el primer concierto que la banda ofreció sin Edwards, sus antiguos compañeros colocaron un micrófono de más en el escenario, por si, de repente, su amigo fuera a surgir de entre el público y volviera a sumarse a ellos después de un pequeño paréntesis. Aunque esto no sucedió, durante años James Dean Bradfield, Nicky Wire y Sean Moore han guardado una cuarta parte de los royalties generados por las canciones esperando su regreso. Su familia tampoco perdió la esperanza: podrían haberle declarado legalmente muerto en 2002 y, sin embargo, esperaron hasta el 23 de noviembre de 2008. Desde entonces, el letrista se encuentra “presuntamente muerto”. Un año después, Manic Street Preachers lanzaron un disco, “Journal for plague lovers”, con letras inéditas escritas totalmente por Edwards. Una forma de mantener vivo el espíritu de Richey James.


El letrista realizó un truco de escapismo capaz de poner en evidencia al mismísimo Houdini, pero al igual que sucedió con Jim Morrison o con Elvis Presley, son muchos quienes aseguran haberse cruzado con él en lugares tan dispares como Goa (India) o las islas de Fuerteventura y Lanzarote. Richey Manic desapareció a la edad maldita de 27 años, pero no está muy claro si se le puede considerar miembro del selecto Club de los 27, como Jimi Hendrix, Janis Joplin o Kurt Cobain.


9. Mia Zapata

Mia Zapata (1965-1993) fue una de las vocalistas más carismáticas del Seattle previo a la explosión del grunge. Su hermosa voz, entre lo agresivo y lo intimista, y las magníficas letras que compuso, mezcladas con la agresividad de la música de su banda, The Gits, supusieron un soplo de aire fresco en la escena punk norteamericana de finales de los 80 y principios de los 90. Lamentablemente, Mia solo llegó a ver publicado un álbum de su banda. El segundo vio la luz -incompleto- varios meses después de su muerte.


Zapata fue asaltada, violada y estrangulada hasta la muerte cuando volvía a su casa de Seattle la madrugada del 7 de julio de 1993. Tenía 27 años. Su muerte generó una ola de solidaridad, indignación y rabia que todavía hoy es uno de los capítulos más conmovedores -y desconocidos- de la historia reciente del rock estadounidense. Grupos como Nirvana, Pearl Jam, Hole o The Presidents of the USA recaudaron fondos para la búsqueda del asesino emprendida por familiares y amigos. En 2002, tras muchos años de búsqueda infructuosa del asesino de Mia Zapata, y gracias a la lucha incansable de familiares, amigos y gente anónima, se pudo extraer del cuerpo de Mia una muestra del ADN del culpable y la policía comenzó a buscar en su base de datos. En 2003, un hombre con antecedentes por agresión sexual llamado Jesus Mezquia, fue detenido en Miami tras agredir a una mujer embarazada. Tras confrontar las muestras de ADN se comprobó que coincidía con el del asesino de Mia Zapata. El juicio se llevó a cabo en Seattle, y finalmente Mezquia fue condenado a 37 años de prisión por asesinato y violación. Acababa así la historia del crimen que se llevó a una de las artistas más talentosas del punk-rock.


Compártenos en Facebook