Chefchaouen, la perla azul de Marruecos

Chaouen Chefchaouen , en el noroeste de Marruecos, es un lugar único en el mundo que destaca por el encanto irresistible de sus calles y fachadas vestidas de color azul, malva y blanco

Chaouen Chefchaouen  شفشاون / الشاون  está situada en el noroeste de Marruecos, a unos 40 kilómetros de la costa, en el extremo occidental de la cadena montañosa del Rif. Es el centro administrativo de la provincia del mismo nombre y uno de los puntos turísticos más atractivos del norte de Marruecos, un lugar único en el mundo que destaca por el encanto irresistible de sus calles teñidas de un color azul intenso y blanco.

 

El nombre Chaouen proviene de la palabra berberisca shawen, que significa "cuernos", debido a las cumbres montañosas que dominan la ciudad. De manera que el nombre oficial marroquí Chefchaouen (Shifshawen) significa "mira los cuernos". Este nombre pasó al español inicialmente como Xauen, aunque desde tiempos recientes se utiliza más la forma Chauen.

 

La ciudad se fundó en 1471 sobre una pequeña población bereber y fue habitada, en gran parte, por exiliados de Al-Ándalus. Su fundador, Moulay Ali Ben Rachid, la construyó inicialmente como defensa contra los portugeses, continuando así la obra iniciada por su primo Abi Joumâa. Según cuenta la tradición, la hizo parecerse al pueblo andaluz de Vejer de la Frontera puesto que le había prometido a su esposa Lalla Zahra, una noble española convertida al Islam, que la ciudad se parecería a su ciudad natal.

 

Chaouen fue durante siglos considerada una ciudad sagrada, por lo que su acceso estuvo prohibido a los no musulmanes hasta 1920, año en el que los españoles tomaron la ciudad en cumplimiento del tratado de Algeciras de 1906. Francia y España se repartieron desde entonces la gestión colonial de Marruecos hasta su independencia en 1956.

 

Siendo una de las ciudades culturalmente más activas de Marruecos, Chaouen dispone de un apretado calendario de eventos que, junto a la actividad diaria de sus pintores, poetas, músicos, etcétera, mantienen una dinámica constante que aporta a la ciudad una viveza especial.

 

La gente de Chaouen ha tejido lenta y armoniosamente una red que inserta la ciudad en su entorno natural, cuyos elementos ha sabido transformar en hechos tangibles, en magníficas arquitecturas, en riquísimas artesanías y en sabores locales. Pero también en lo que no se puede tocar: músicas, formas sociales, ideas y creencias.


Chaouen ha de ser percibida, capturada con los 5 sentidos: una vez en la Medina, déjese mecer por la tranquilidad que hechiza esta pequeña ciudad. Pasee por sus calles, vaya en dirección a la Gran Mezquita, siéntese gustoso en la plaza Outa El Hamman. Comience tomando un té a la menta en la terraza de un café, observe a la gente cómo va y viene relajadamente. Todo en Chaouen está hecho con suavidad y sencillez.

 

Mire sus pies, reconozca su entorno, olvídese de todo y déjese guiar por el deleite de los colores: las callejuelas están adoquinadas con piedras grises desgastadas por las babuchas, las fachadas de las casas son de color blanco, azul, malva, las puertas y los postigos están pintados en tonos azules. Los patios floridos recuerdan un pasado común con España. En sus casas de tejas de color ocre y rejas negras de hierro forjado, la luz increíble que se refleja en las fachadas conforman, a cada paso, imágenes de una enorme calidad estética.

 

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