¿dónde está la cabeza de Goya?

Francisco de Goya y Lucientes  falleció en Burdeos, a las dos de la madrugada del 16 de abril de 1828. Su estado de salud era muy delicado, no solo por el proceso tumoral que se le había diagnosticado tiempo atrás, sino a causa de una reciente caída por las escaleras que le obligó a guardar cama, postración de la que ya no se recuperaría. Al día siguiente se le entierra en el cementerio bordelés de La Chartreuse, en el mausoleo propiedad de la familia Muguiro de Iribarren, junto a su buen amigo y consuegro Martín Miguel de Goicoechea, fallecido tres años atrás.

 

Tras un prolongado olvido, en 1869 se efectúan desde España distintas gestiones para trasladarle a Zaragoza o a Madrid, lo que no era posible legalmente hasta pasados cincuenta años. En 1880, Joaquín Pereyra, cónsul español en Burdeos, visitando la tumba de su mujer en el cementerio de la ciudad francesa descubre, con asombro, que allí mismo, a no muchos metros, descansa el ilustre artista aragonés, y decide tramitar el regreso de los cadáveres del pintor y su consuegro a España.

 

Tras múltiples gestiones, el cónsul Joaquín Pereyra consiguió, ocho años más tarde, que se extrajese el cadáver para su vuelta a España. Mayúscula fue su sorpresa aquel 16 de Noviembre de 1888, fecha de la primera exhumación del cuerpo de Francisco de Goya, cuando descubren con gran estupor que allí estaban los restos del pintor pero con una ausencia significativa, faltaba su cabeza.

 

Joaquín Pereyra nos dejó una ajustada crónica del momento:

 

“ …habiéndose llevado a cabo la exhumación y reconocimiento de los restos mortales del insigne pintor Don Francisco de Goya con las debidas formalidades ante el Comisario de Policía de las Delegaciones Judiciales, del Inspector de Cementerios, del director de Pompas Fúnebres, del Canciller de Consulado de España, dos testigos y de mí, observamos que abierta la tumba nos encontramos en presencia de dos cajas, una de las cuales estaba forrada de zinc, y la otra de madera sencilla sin ninguna placa ni inscripción exterior, ambas eran de la misma longitud. Se abrieron ambas. En la forrada de zinc encontramos los huesos completos de una persona, y en la otra estaban todos los huesos de un cuerpo humano, excepción hecha de la cabeza que faltaba por completo, lo que no dejó de sorprendernos a todos los allí presentes. Y precisamente todo induce a creer que los huesos encerrados en esta última caja son los de Goya, por ser los huesos de las tibias mucho mayores que los contenidos en la caja de zinc, y además haberse encontrado restos de un tejido de seda de color marrón, que debe ser los del gorro con que se presume fue enterrado Goya, así como por estando más próxima de la entrada del “caveau” debió ser la última que en él se colocó”.

 


La estupefacción de los presentes no se hizo esperar. De nuevo ajetreo burocráctico. El cónsul español envió un telegrama en el que decía: «Esqueleto Goya no tiene cráneo», y ante las dudas que amenazaban con paralizar el proceso, un tajante telegrama llegó desde España: «Envíe Goya, con cráneo o sin él». En 1899, por fin, se exhuman de nuevo y llegan finalmente a Madrid los restos de los dos, Goya y Goicoechea. Depositados provisionalmente en la cripta de la Colegiata de San Isidro, pasan en 1900 a una tumba colectiva de «hombres ilustres» en la Sacramental de San Isidro y finalmente, en 1919, a la ermita de San Antonio de la Florida, al pie de la cúpula que el aragonés pintara un siglo atrás, donde desde entonces permanecen.

 

 

¿donde esta la cabeza de Francisco de Goya?
¿dónde está la cabeza de Francisco de Goya?
Calavera de Dionisios Fierros, el posible cráneo de Goya
Calavera de Dionisios Fierros

¿Qué sucedió con la cabeza del pintor? Hipótesis las ha habido para todos los gustos, pero certezas ninguna. Cuando menos, ninguna capaz de haber dado con el cráneo de Goya o con restos confirmados como tales. Una de las tesis que con más insistencia se han ido barajando desde hace más de un siglo es la de que aún en vida, Goya le dio permiso a su amigo el Doctor Laffargue para que, una vez fallecido, usara su cabeza para un estudio frenológico (estudio de la forma del cráneo para trazar nexos con los rasgos de la personalidad de la gente), y que, con el paso de los años, acabó perdiéndose su rastro. Otras teorías apuntan en este mismo sentido, pero sin el consentimiento del pintor.

 

Pero hay alguna variante más de la tesis anterior y otras distintas. Por ejemplo, el Museo de Zaragoza conserva un óleo de la calavera pintada por el asturiano Dionisio Fierros en 1849. En el reverso se indica que se trataba del cráneo de Goya y aparecía también la rúbrica, a modo de fedatario, del marqués de San Adrián. No han sido pocos los que han venido dando por hecho que dicho cuadro se pintó al natural, es decir, con la calavera de Goya como modelo y, tiempo después, el cráneo podía haber acabado en manos de un hijo de Fierros que en 1911 seguía la carrera de Medicina en la Universidad de Salamanca. Incluso hace décadas algunos apuntaron que, tras haber llegado a manos de este médico, el cráneo acabó fragmentado, disgregado y, a fin de cuentas, perdido.

 

Otros especulan con la idea de que hubiera sido el propio Goya quien pidiera que su cabeza fuera llevada a Madrid para reposar cerca de los restos de la duquesa de Alba. Eso sí, cuando en noviembre de 1888 se exhumó la tumba de Burdeos y se comprobó que Goya había perdido literalmente la cabeza, se indagó en busca de testimonios que pudieran aportar algo sobre cómo fue enterrado y si su cuerpo estaba al completo en aquel momento. Y se encontró una testigo que lo certificó. Cuando se le preguntó ya era nonagenaria, pero insistió en que tenía perfectamente nítido el recuerdo: el día que Goya fue enterrado en Burdeos, no le faltaba la cabeza. Muchas incógnitas aún por resolver. Lo único que parece claro es que, el aragonés no sólo perdió la cabeza en vida, sino que también lo hizo después de muerto, de manera literal.


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