cueva de los cristales gigantes de Naica, Chihuahua, México

La Cueva de los cristales gigantes de Naica, en Chihuahua (México), corta la respiración. Alberga unos colosales cristales de selenita de dimensiones nunca antes vistas. La mayoría mide seis metros de longitud, llegando algunos a alcanzar los once metros. La temperatura a esa profundidad es de entre 45º y 50º C. y el porcentaje de humedad de entre 90 y 100%, lo que  impide que el ser humano sobreviva más de dos horas en ella. Las paredes y en especial el suelo de la cueva se ven salpicados de cristales aislados en forma de “bloque”, que en ocasiones se agrupan para formar agregados paralelos y algunos se cruzan de lado a lado de la cueva. Es uno de los lugares más extraños de la Tierra.


Las Cueva de los Cristales Gigantes se encuentra en la mina de Naica (primera mina productora de plomo, zinc y plata, entre otros minerales), y es una de las cuatro cuevas que se han descubierto dentro de la mina. En 1910, a 120 metros de profundidad, se descubre la "Cueva de las Espadas", una cavidad constituida por un corredor de alrededor de 87 metros de largo, tapizada por completo de cristales que llegaban a medir hasta dos metros de largo. De ellas fueron extraídos sus más bellos ejemplares, hoy exhibidos en los museos mineralógicos más importantes del mundo.

 

Casi 100 años después, en abril del año 2000, en el nivel -290, a 300 metros de profundidad, se descubren otras tres cavidades naturales: "El Ojo de la Reina", "La Cueva de las Velas", y la extraordinaria "Cueva de los Cristales".


La Cueva de los Cristales de Naica ha esperando hasta ahora para mostrarnos su gran belleza. Una gran geoda de paredes rojas, un útero natural lleno de cristales de selenita, o “piedra de la luna” llamada así por su color, brillo y transparencia. 



Tranquila y silenciosa, esta maternidad de piedra acogió lentamente el crecimiento de sus cristales al arrullo del agua, el calor, la oscuridad y el silencio durante más de un millón de años.

 

Nos cautivan su belleza, sus dimensiones, su historia; descubrimos un sitio en el que la apariencia de hielo contrasta con un calor que mata; un ambiente ajeno, no humano, que nos atrapa y nos lleva a recuperar nuestra capacidad de contemplación y admiración por la naturaleza.

 

Sus cristales, espejos de múltiples facetas e imágenes, nos llevan por diversos caminos: el del conocimiento y la ciencia, para comprender cómo y cuándo pudo crearse esta obra de la naturaleza; el del desarrollo tecnológico, para poner a prueba nuestra capacidad de reto para sobrevivir en su interior y poder registrar en imágenes su gran belleza; el del arte, para poder compartir este patrimonio a través de las expresiones de hombres y mujeres sensibles a la belleza y la armonía, y el de la filosofía y la mística, por la magia y paz que nos comunica.

 


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