¿cuál es el origen de la expresión...?

A diario utilizamos expresiones como "a buenas horas, mangas verdes", "aquí hay gato encerrado", "quien se fue a Sevilla perdió su silla" o "te vas por los cerros de Úbeda", pero ¿sabemos cuál es el origen de esas expresiones?

A buenas horas, mangas verdes

Utilizamos esta expresión para expresar que algo o alguien llega demasiado tarde, cuando ya no hace falta. Para encontrar su origen hay que remontarse hasta 1476, año en el que Isabel la Católica y Fernando de Aragón crean la Santa Hermandad, una institución parecida a la actual Guardia Civil, que se dedicaba  a preservar el orden y perseguir a los malhechores fuera de las ciudades en el Reino de Castilla.

 

Estos soldados se distinguían por su uniforme: un coleto, o chaleco de piel hasta la cintura y con unos faldones que no pasaban de la cadera. El coleto no tenía mangas y, por tanto, dejaba al descubierto las de la camisa, que eran verdes. Popularmente eran conocidos como cuadrilleros, porque iban en cuadrillas (cuatro soldados), o mangas verdes, porque el color verde de sus mangas los identificaba de inmediato.

 

A buenas horas, mangas verdes

Aunque en un principio resultó ser un cuerpo realmente eficaz, poco a poco terminaron perdiendo efectividad y disciplina. Se dice que los mangas verdes no llegaban nunca a tiempo, que los crímenes quedaban impunes o que los propios aldeanos se las componían para dar solución a sus problemas, de modo que cuando aparecían, su labor era innecesaria. De ahí que cuando se personaban en el lugar de los hechos, la gente les reprochaba diciendo: «¡A buenas horas, mangas verdes!» como símbolo de inoperancia, tardanza o inutilidad.



Quien se fue a Sevilla, perdió su silla

Esta expresión viene a justificar la pérdida de algún derecho, propiedad o privilegio por el simple hecho de haberlo abandonado de forma momentánea. En el uso común era la frase favorita de los pequeños de la casa, que la hacían suya siempre que intentaban conservar una ubicación que en principio no les pertenecía.


Este refrán está basado en un hecho histórico: durante el reinado de Enrique IV (1454-1474), rey de Castilla, se concedió el arzobispado de Santiago de Compostela a un sobrino del arzobispo de Sevilla, Alonso de Fonseca. Dado que la ciudad de Santiago estaba un poco revuelta, el sobrino pidió a su tío que ocupara él el arzobispado de Santiago para apaciguarlo, mientras él se quedaba en el arzobispado del tío, en Sevilla. Y así fue hasta que Alonso de Fonseca, una vez pacificada Santiago de Compostela, quiso volver a Sevilla. Su sobrino se negó a abandonar el arzobispado de Sevilla, mucho más rico y próspero, por lo que el rey Enrique IV, y tras un mandamiento infructuoso del Papa, se vio obligado a disuadirle por la fuerza con la intervención del ejército real y al ahorcamiento de algunos de sus partidarios.


Enrique IV de Castilla
Enrique IV de Castilla

Irse por los cerros de Úbeda

Se dice que alguien se va por los cerros de Úbeda cuando empieza a divagar en la conversación o intenta evitar responder a una pregunta concreta llevando el tema hacia otros derroteros. El origen de esta expresión se sitúa en 1233, en los días en los que el rey cristiano Fernando III se preparaba para asaltar el fortín musulmán de Úbeda, ubicando a sus caudillos en las diversas lomas que rodeaban el enclave. Uno de esos caudillos era un tal Álvar Fáñez, apodado "El Mozo", quien, mientras esperaba la orden de ataque se dio un paseo por los alrededores y quiso su fortuna que en un riachuelo encontrara a una mora bañándose completamente desnuda. Llegado el momento del ataque Álvar Fáñez andaba, pues, distraído en otros quehaceres que ya todos imaginamos. El envite bélico fue finalmente favorable a las tropas cristianas, pero el rey quiso saber por qué su subordinado no había estado donde debía estar en el instante que había de ser. Éste, requerido a dar una explicación convincente a su señor, se limitó a decir: "Anduve por esos cerros, Señor". Otra versión de la historia exculpa a la mujer de esta historia y achaca la ausencia de Álvar Fáñez a un simple acto de cobardía ante la cruenta batalla. Desde entonces la frase fue tomada irónicamente por los cortesanos, pues los cerros de Úbeda, aunque tienen entidad, no son lo suficientemente grandes como para justificar el extravío de los soldados y se perpetuo como signo de cobardía.


Aquí hay gato encerrado

La expresión "haber gato encerrado" significa haber causa o razón oculta o secreta, o manejos ocultos; en definitiva, tratar de esconder algún secreto o no querer que se sepa alguna cosa. Esta expresión, que puede parecer extraña en nuestros días, no alude al felino doméstico, y tiene su origen en el Siglo de Oro español (siglos XVI y XVII), donde comenzó a llamarse «gato» a la bolsa o talego en el que se llevaba el dinero y que era confeccionada con la piel de dicho animal, lo que hoy en día sería una cartera o un monedero. Actualmente, el Diccionario de la Real Academia Española nos ofrece la siguiente acepción para la palabra "gato": 2. m. Bolso o talego en que se guardaba el dinero.

 

Para prevenir posibles robos y hurtos, quienes llevaban estos “gatos”, trataban de esconderlo en sus ropas o en los rincones de la casa. Cuando los ladrones observaban a estas personas y descubrían a alguien que tenía o podía tener dinero, comentaban entre sí “aquí hay gato encerrado”.

 


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